lunes, 30 de julio de 2007

del Amor y otras alucinaciones...


¿Adictos al amor?


La lujuria se asocia a la testosterona, el romance y la euforia, a la dopamina y norepinefrina y los vínculos duraderos, con niveles estables de serotonina. Las fórmulas químicas que se esconden detrás de las emociones.

Algunos enloquecen, otros pierden la cabeza, están los que enferman y los que mueren de amor. Este sentimiento fulminante, que transforma la vida de los enamorados ha hecho correr ríos de tinta, y una vez más vuelve a ponerse bajo la lupa del microscopio.Es que la ciencia no se deja seducir por las mariposas en el estómago, y para ella el enamoramiento, ese “estado de imbecilidad transitoria”, como lo definió Ortega y Gasset, no es otra cosa que una revolución bioquímica y emocional que raya en lo patológico, un proceso químico que usa los mismos mecanismos neurológicos que se activan durante la adicción y llevan a la distorsión de la realidad, la pérdida del control, la ansiedad y la euforia. Sentimientos tan intensos y poderosos, que explicarían por qué las personas se deprimen cuando terminan una relación y por qué insisten en buscar un nuevo amor.


Químicos del amor

“Fuimos creados para reproducirnos, no para ser felices”, asegura la doctora Helen Fisher, antropóloga de la Universidad de Rutgers, que en su libro Why we love: The Nature and Chemistry of Romantic Love, refiere a los distintos tipos de amor y a las sustancias químicas a los que se asocia, porque la lujuria, el romance y los vínculos estables son sentimientos independientes que pueden o no, vivirse simultáneamente, con el riesgo que esto implica.

El primero, se refiere al deseo en estado puro, y es un período en donde predomina la testosterona. Luego está la atracción romántica o el enamoramiento, que sería algo así como un refinamiento de la lujuria orientado a una persona en particular. En esta etapa predomina la euforia y la alegría, y también sentimientos obsesivos acerca del objeto del deseo. La dopamina y la norepinefrina son las sustancias que se asocian con esta etapa. Algunos investigadores coinciden en que este estado mental tiene características similares a la etapa maníaca de la depresión maníaca. Sería algo así como cuando el personaje de Glenn Close en Atracción fatal se obsesiona con el de Michael Douglas. Sus hormonas excitatorias están altas y tiene un enorme deseo de satisfacción. Que en su caso es un problema, ya que lo de Douglas era pura lujuria y sumado esto al trastorno obsesivo compulsivo de ella, las cosas llegan a mal puerto.Pero cuando los enamorados pueden dar rienda suelta a su sentimiento y las cosas salen bien, con el paso del tiempo, pueden llegar a consolidar un vínculo duradero y seguro. Según la doctora Matilde Otero Lozada, investigadora del CONICET en el Laboratorio de Investigaciones Sensoriales, en esta etapa los niveles hormonales –vasopresina y oxitocina– se estabilizan. También hay endorfinas, pero no por la excitación sino por otras razones, como son el hecho de sentirse contenido, amado y estabilizado emocionalmente.


Niveles de tolerancia

“Vivieron felices y comieron perdices”, terminaba el cuento de Cenicienta, como otros tantos que nos acompañaron en la infancia. Pero lo que no especificaba era por cuánto tiempo ni lo que sucedía cuando luego de veinte años de estar juntos, ella no podía recuperar la silueta por varios embarazos y él se pasaba sus noches tirado en la cama con el control remoto y mirando fútbol. A lo largo de nuestra niñez, los cuentos terminaban prácticamente donde debían comenzar, dejando librada a nuestra cándida imaginación el futuro de los jóvenes enamorados. Porque lo cierto es que en la vida real, la pasión se desvanece, debido a que el organismo se acostumbra a los niveles hormonales y disminuye con los años el estado de excitación y euforia. Para Otero Lozada, “el problema no es la pérdida de la pasión, sino que el vínculo se vuelva calmo pero monótono, duradero pero claustrofóbico y seguro pero aburrido. Lo importante es no llegar al punto en que el otro no produce ninguna motivación, dejarse estar, porque eso puede llevar a la depresión. En una relación, la felicidad es la conquista de cada logro, por eso cuando del amor se trata, hay que aumentar la cantidad y la calidad de emoción, dando lugar a sentimientos más emocionales y afectivos”. Pero la cuestión de la “tolerancia farmacológica” lleva a otro interrogante no menos importante ¿si una persona se enamoró muchas veces, va perdiendo la capacidad de enamorarse?“Y le cuesta –contesta la doctora que a esta altura se autodenomina doctora corazón– y por varias razones. Por un lado está el tema de la memoria que hace que aparezcan los temores. Porque aunque hay un aprendizaje que debería hacernos sentir más seguros, también están los fantasmas del pasado. Pero además, mientras que antes nos deslumbrábamos con un ramo de flores, un llamado inesperado o una cena bajo las luz de las velas con el paso del tiempo y la experiencia, comenzamos a necesitar nuevos estímulos”.


Enfermos de amor

Además de la oxiticina y la vasopresina, el sexo aumenta la cantidad de serotoninas, neurotransmisores que tienen una incidencia directa sobre los estados de ánimo. Cuando los niveles de serotonina son altos hay euforia y manía, mientras que cuando decaen excesivamente pueden provocar depresión. La actividad física, el chocolate y la risa también aumentan la cantidad, por eso, “cuando hay mucha inactividad sexual hay una insatisfacción, las personas se vuelven más irascibles, en cambio, el sexo produce una sensación de bienestar que hace que las cosas se miren de otra manera. Después de ‘ese momento’ todo parece mágicamente arreglado” explica la doctora Otero Lozada. En la pasión y el trastorno obsesivo compulsivo, los niveles de serotonina son bajos, eso puede llevar a enfermar de amor, según la doctora Donatella Marazziti, psiquiatra de la Universidad de Pisa en Italia. El alcohol también baja los niveles de serotonina, lo que explicaría por qué luego de una noche de copas, hombres y mujeres se prestan más fácilmente al romance apasionado.Los antidepresivos, por el contrario, hacen que los niveles de serotonina permanezcan en el cerebro por más tiempo que el normal, esto nos lleva a una pregunta obligada: ¿las personas que los consumen ponen en peligro su capacidad de enamorarse? “Digamos, –aclara Otero Lozada–, que producen una depresión gonadal, lo que hace que las personas se sienten desincentivadas, apáticas, desganadas. Y esta sensación por supuesto, afecta a la libido, pero eso no significa que impiden enamorarse”. Más contundente Fisher sostiene que “el amor romántico verdadero es uno de los sentimientos más fuertes de la Tierra, y que un poco de serotonina no bastaría para aplacarlo”.


Por qué nos enamoramos

Las razones por las cuales el organismo desata una revolución química con algunas personas y no con otras, es muy difícil de determinar. Para la antropóloga Helen Fisher es por el mapa del amor que se elabora con los años, pero que tiene un alto componente azaroso. Según la doctora Otero Lozada la causa podría estar en algún proceso vinculado con la memoria, en la región límbica del cerebro. Para otros será las almas gemelas que están destinadas a encontrarse. Hipótesis hay a montones, pero “el corazón tiene razones que la razón desconoce”, y aunque la serotonina puede ayudar a curar el mal de amores, es poco probable que la ciencia logre desarrollar ese momento mágico del amor en el que el tiempo parece detenerse, en un laboratorio.


Mujeres y varones

Según un artículo publicado en la revista The Economist, a pesar de que hombres y mujeres expresan el amor romántico con la misma intensidad, y son atraídos por parejas que les resultan agradables, inteligentes y educadas, aunque hay algunas diferencias en sus elecciones. Ellos se sienten atraídos por la belleza y la juventud, mientras que las mujeres son seducidas por la educación y la posición.Los procesos de enamoramiento y lujuria son similares en los dos sexos, pero la emoción se vive de manera distinta. “Las mujeres al ser más ciclotímicas manifiestan más los vaivenes emocionales”, explica la doctora Otero Lozada. “Además de lo cultural, hay una diferenciación del cerebro –continúa–, procesamos, internalizamos las cosas de una manera diferente. Nos motivan otras cosas y el feedback que recibimos, lo vivimos de una manera distinta. Por esto de ser ciclotímicas aparecen los casos de las histéricas, término que viene de útero. La mujer es histérica porque cicla. Hay etapas en donde tiene altos niveles de oxitocina (hormona que produce la contracción del útero), entonces se siente incomoda, mientras que cuando éstos bajan, se tranquiliza. En los hombres todo está menos exacerbado porque lo suyo es más externo. Ellos lo liberan y ya está. La mujer lo manifiesta conductualmente, especialmente con la palabra”. Y es entonces cuando “las brujas” entran en escena... que no existen, pero que las hay, las hay.


Síndrome de abstinencia

La semejanza entre el enamoramiento y la adicción se da tanto por las buenas como por las malas razones. Si el sentimiento es correspondido y los enamorados se dejan arrastrar por la pasión y logran sortear los obstáculos y reinventan el sentimiento para llegar a la vejez “comiendo perdices”, entonces la historia tiene un final feliz. Pero el amor pasional es como una droga y crea una adicción tal, que la pérdida de este estado conduce a un desasosiego semejante al síndrome de abstinencia, con características similares: depresión, angustia, ansiedad y disminución de la libido, entre otras cosas. El organismo naturalmente busca compensar esto mediante la secreción de endorfinas que tienen un efecto similar a la morfina, que intenta calmar “el mal de amores”.


(Texto Por Agustina Tanoira )

Adaptacion Mia!!!